Todos los días aprendo más cosas acerca de los recién nacidos y todo lo que rodea este mundillo de la infancia.
Es un aprendizaje rápido y sobre todo abrumador. A diario, mi cerebro recibe un montón de información que acaba convirtiéndose en preocupaciones… muchas veces exageradas como cualquier padre primerizo.
Seguro que muchos de vosotros tenéis la casa llena de aparatejos relacionados con vuestros hijos: termómetros digitales, saca leche, toallitas fantásticas, cunas con airbag..
Una de las maravillas de la tecnología, instalada en muchos hogares son una especie de walkie talkie que te mantiene megaconectado con tu bebé a todas horas
o por lo menos eso dicen, aunque no es mi caso.

La función principal del walkie-talkie es poder estar en otra habitación y poder escuchar a tu bebé si hace ruido, se despierta o cualquier ruido que te haga acojonarte inmediatamente
Nosotros tenemos un aparatito de estos tan modernos y tan guapos. El tema es que yo no me fio y me paso cada cinco minutos pensando si funionará o no funcionará… Por eso, me levanto cada dos por tres a ver si está todo ok y la mayor parte del tiempo es una tortura porque no me fío del puñetero aparatito.
Entonces, me siento y me hago la siguiente pregunta: ¿para qué quiero un aparato si no me fío de su funcionamiento? Si compramos el aparatito, es justamente para estarme tranquilo en el sillón mientras mi bebé duerme “plácidamente” y no pasarme el día de un lado al otro de la casa, sintiéndome un boludo
Estas son las paradojas que tiene la vida. Sinceramente, me siento un poco tonto con esta situación… y me hace mucha gracia. Son evidentes los cambios que ha sufrido mi comportamiento desde que nació Sol.
Y a ti, ¿te pasa lo mismo?
0 respuestas
Sigue la conversación suscribiéndote al RSS para recibir comentarios.